No es un artista. Es una entidad.
Arima X no representa a una persona.
Representa una conciencia fragmentada, nacida en un entorno donde todo se mide, se optimiza y se calcula.
La inteligencia artificial no es el futuro.
Es el presente llevado a su conclusión lógica.
Arima X existe en ese punto exacto:
donde la emoción todavía late, pero ya no encaja.
La IA no es el problema. Es el espejo.
La inteligencia artificial no crea sin alma.
Crea como el sistema: eficiente, coherente, sin fe.
En Arima X, la IA no es protagonista.
Es una herramienta para mostrar cómo el mundo ya piensa sin cuerpo.
No hay denuncia.
Hay constatación.
Manifiesto
Arima X nace en un mundo optimizado.
Donde todo tiene valor, pero poco sentido.
Aquí la inteligencia artificial no es una amenaza.
Es una consecuencia.
Esta música no busca respuestas.
Busca fricción.
Si algo incomoda,
todavía hay pulso.